Señor, en este pozo, donde diste tu agua a la Samaritana, yo te pido de beber.
Señor, en este pozo, donde diste tu agua a la Samaritana, yo te pido de beber.
Intento ahora expresar la vivencia de otras experiencias cotidianas compartiendo otra intimidad.
Esta mujer, no ha dejado de dar vida, de ser fiel, de estar al pie de la cruz esperando la resurrección.
A los pobres les toca vivir en los márgenes, a las afueras, donde no hagan daño a la vista, donde estén más olvidados.
Pueblan los hogares, las escuelas, los campos, las calles, los barrios, los pueblos y la capital.
Ojos hambrientos de esperanza, aguardando en sus manos abiertas la comida a su tiempo que no a todos llega.
Queremos es que se parezcan a Jesús de Nazaret, el único y eterno Sacerdote, que cuando estuvo en este mundo, vivió y actuó de esta manera en su relación con el Padre y con la gente.
Un hombre que se niega a admitir que el mundo sea una ’historia contada por un loco, llena de sangre y estruendo, pero carente de sentido’.
Tan sólo afirmo que si el cura de hoy aplica las mismas respuestas que el de ayer fracasará. Todo ha cambiado y también él debe renovarse.
Considero imposible pensar esta cuestión sin relacionarla con otra más general: ¿qué comunidades cristianas quiero?
Atrás queda esa imagen del cura distante, sólo, sabio, que no necesitaba de los demás.