John Updike, después de recuperarse de una seria enfermedad, escribió un poema que llamó Fiebre. Acaba de este modo: Pero es una verdad largamente conocida que algunos secretos están ocultos a la salud.
John Updike, después de recuperarse de una seria enfermedad, escribió un poema que llamó Fiebre. Acaba de este modo: Pero es una verdad largamente conocida que algunos secretos están ocultos a la salud.
Cursé filosofía cuando aún era un poco inmaduro para ello, un joven de diecinueve años que estaba estudiando la metafísica de Aristóteles y Tomás de Aquino. Pero algo de un curso de metafísica permanece indeleblemente impreso en mi mente.
Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.
La mayoría de nosotros estamos familiarizados con el comentario del papa Francisco de que hoy la iglesia necesita ser un hospital de campaña. ¿Qué implica esto?
Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.
Soren Kierkegaard escribió una vez que el texto del Evangelio con el que se identificaba vivamente era el relato de los discípulos, después de la muerte de Jesús, en que se encerraban por miedo en la habitación superior de una casa; y luego, experimentaban que Jesús entraba, con las puertas cerradas, para infundir sobre ellos la paz.
Hace poco leí, sucesivamente, tres libros sobre el suicidio, cada uno escrito por una madre que perdió a uno de sus hijos por suicidio. Los tres libros son fuertes, maduros, no dados a falso sentimiento y dignos de leerse…
Hace algunos años, oficié en una boda. Como sacerdote oficiante, fui invitado a la recepción y al baile que siguió al servicio de la iglesia. No conociendo bien a la familia y teniendo otros servicios de iglesia la siguiente mañana, me marché nada más acabar el banquete y los brindis, exactamente cuando el baile estaba para empezar.
Jesús nos enseñó esto, pero sospecho que generalmente no captamos todo el alcance de su significado. Tendemos a tomar las palabras de Jesús en este sentido: ¿De qué le sirve a uno ganar riquezas, fama, placer y gloria, y después muere y va al infierno? ¿De qué sirve la gloria terrena o el placer si perdemos la oportunidad de la vida eterna?
Recientemente, en una cena académica, estaba sentado en la mesa de un científico nuclear. En un momento, le pregunté: ¿Cree que hay vida humana en otros planetas? Su respuesta me sorprendió: “Como científico, no, no creo que haya vida humana en otros planetas. Científicamente, las pruebas son fuertes contra esa afirmación. Pero, como Cristiano, creo que hay vida humana en otros planetas. ¿Por qué? Mi lógica es esta: ¿Porqué elegiría Dios a un solo hijo?
Hay más de siete mil millones de personas en esta tierra y cada uno siente como si fuera el centro del universo. Esto cuenta para la mayoría de los problemas que tenemos en nuestro mundo, en nuestro vecindario, en nuestras familias.