Hace unos años, un ministro presbiteriano conocido retó a sus feligreses a abrir, con mayor compromiso, sus puertas y su corazón a los pobres. Los feligreses respondieron inicialmente con entusiasmo…
Hace unos años, un ministro presbiteriano conocido retó a sus feligreses a abrir, con mayor compromiso, sus puertas y su corazón a los pobres. Los feligreses respondieron inicialmente con entusiasmo…
¡Un nuevo Hedonismo, eso es lo que nuestro siglo quiere! Oscar Wilde profetizó esto hace más de un siglo y, según parece, es ahí precisamente hacia donde hemos evolucionado en nuestro mundo occidental.
Entre los grandes cuentos o historias populares que circulan en el mundo, los más comunes, los mejor conocidos y perennemente intrigantes son los que tratan de héroes y heroínas.
Hace unos años, un amigo mío hizo a su novia una propuesta de matrimonio, muy diferente del estilo de Hollywood: Este amigo tenía entonces unos cuarenta y tantos años y había sufrido un buen número de desengaños decepcionantes, algunos de los cuales, según él mismo reconocía, eran culpa suya…
Los católicos estamos bastante familiarizados con los Credos, tanto el del Concilio de Nicea como el de los Apóstoles, los dos grandes compendios que sostienen y fijan nuestra fe. Sin ellos, con el tiempo vamos a la deriva, nos desviamos del camino y nos perdemos. Los credos nos asientan y nos mantienen firmemente anclados.
“Observa a los sabios y a los perversos, que se alimentan del fuego sagrado de la vida”. Ésa es la letra de una canción de Gordon Lightfoot, que trata de interpretar la lucha que se desarrolla en el corazón del héroe mítico de Cervantes, Don Quijote. La bondad le aparta del mundo, mientras comprende que la maldad procede de la misma fuente.
Hace varios años, mientras dirigía un curso de verano en la Universidad de Seattle, tuve como uno de mis estudiantes a una mujer que, aun estando felizmente casada, era incapaz de concebir un hijo.
La escritora espiritual belga, Bieke Vandekerckhove, aprendió lo que sabe honestamente. No aprendió de un libro o de el buen ejemplo de otros. Sino que aprendió a través del crisol de un sufrimiento único, al ser golpeada a la tierna edad de 19 años con una enfermedad terminal que vaticinaba no solo una muerte prematura sino también la completa quiebra y humillación de su cuerpo camino de la muerte.
Recientemente, en una cena académica, estaba sentado en la mesa de un científico nuclear. En un momento, le pregunté: ¿Cree que hay vida humana en otros planetas? Su respuesta me sorprendió: “Como científico, no, no creo que haya vida humana en otros planetas. Científicamente, las pruebas son fuertes contra esa afirmación. Pero, como Cristiano, creo que hay vida humana en otros planetas. ¿Por qué? Mi lógica es esta: ¿Porqué elegiría Dios a un solo hijo?
Hay más de siete mil millones de personas en esta tierra y cada uno siente como si fuera el centro del universo. Esto cuenta para la mayoría de los problemas que tenemos en nuestro mundo, en nuestro vecindario, en nuestras familias.
Cualquiera que intente entender a Dios es derrotado porque el primer dogma de todos los que tenemos sobre Dios, afirma que Dios es inefable. Esto significa que podemos entender a Dios, pero nunca encerrarlo en un concepto. Dios es inimaginable.