Cierto día llegó al monasterio un joven peregrino a quien habían dicho que el Abad tenía el don de ciencia, de sabiduría y de consejo. -¿De dónde vienes? -le preguntó amablemente el Abad.
-Del otro extremo del planeta -respondió el joven-; me han dicho que usted me enseñaría dónde está Dios.
-En el otro extremo del planeta, dijo el Abad con una sonrisa acogedora.
Al joven se le cayó el velo de los ojos. Y comprendió que el viaje había merecido la pena.
El Inmaculado Corazón de María. San Antonio de Padua, presbítero y doctor de la Iglesia
Lc 2, 41-51. Conservaba todo esto en su corazón.




